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La resistencia del agua permite realizar una sesión de entrenamiento refrescante que exige lo bastante al cuerpo como para  mantener una forma física cardiovascular y musculoesquelética, mientras que la flotabilidad y la ausencia de impactos ayuda a recuperarse y a prevenir las lesiones.

Si hace tiempo que no nadas, es probable que te sorprendas por lo cansado que te encontrarás después de nadar sólo unos largos. Para ayudar a reducir la fatiga y trabajar distintos grupos musculares, alterna los distintos estilos (libre, braza y espalda). Comienza con unas 10 vueltas (un largo de ida y otro de vuelta constituyen una vuelta), que supone un poco más de 400 m en una piscina típica.  Aumenta el tiempo que estás en el agua y minimiza la fatiga (y el aburrimiento) alternando el aquarunning con las series de largos.

Correr contra la resistencia del agua, en una zona profunda donde no hagas pie, proporciona muchos de los beneficios de correr en tierra. Un cinturón de flotación te ayudará a mantenerte erguido y te dará estabilidad. Mientras mantienes el cuerpo erguido, con una ligera inclinación y la mirada hacia delante, corre como harías normalmente en una superficie sólida, empujando con las  manos el agua hacia atrás. Tus  movimientos con las piernas pueden variar: puedes intentar correr levantando las rodillas o caminar en el sitio, doblar las rodillas ligeramente y mover las piernas como si estuvieses esquiando fuera de pista o efectuar movimientos de carrera con una zancada más larga.

 

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