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Las tiradas son parte fundamental del entrenamiento de cualquier maratoniano, ya sea de elite o popular. Con ellas ganaremos fondo y acostumbraremos al organismo a lo que se encontrará en el gran reto de los 42,195km. Evidentemente, nadie en su sano juicio se entrenará para el maratón haciendo sesiones de ese kilometraje (no es necesario llegar a ello, pero sí hay acostumbrarse a rondar la treintena de kilómetros durante los meses anteriores a la gran cita para llegar bien entrenado.

Aunque no se vaya a ir deprisa, hay que comenzar al trote durante unos 10 minutos para gradualmente llegar al ritmo crucero, que será alrededor de 1min/ km más lento que el que queramos llevar en el maratón, y desde luego nunca a menos de 40seg. Al iniciar la fase de preparación para un maratón debemos ir incrementando semanalmente el tiempo de la sesión, no comenzar con 2 horas.

La sesión acabará a ritmo similar al de competición. Con esta sesión se enseñará al cuerpo a funcionar a ritmo alto cuando ya ha llegado la fatiga, mejor dicho se tratará de que la fatiga llegue lo más tarde posible. Hay que tener cierta experiencia para afrontar estas sesiones, ya que suponen un arma de doble filo. Con respecto a las suaves, aún siendo más duras, serán menos monótonas gracias al incremento gradual del ritmo.

Tras el necesario calentamiento, algo que realizan hasta los de elite, se estabiliza el ritmo hacia 1min/ km más lento que el de maratón. Cada aproximadamente 3 km se incrementa unos 8-10seg hasta llegar al de competición que se llevará durante unos 3km, nunca más de 5. Conviene no acabar a este ritmo sino dejar aproximadamente 1km para ir desacelerando. Esta exigente sesión debe alternarse con la de LSD (Long Slow Distance).

El ensayo general supone casi una competición y por ello no debe hacerse más de dos veces antes del maratón que estemos preparando. La última debe tener lugar, como mucho, tres semanas antes del día clave. Dado ese carácter de ensayo conviene usar la misma ropa y zapatillas con las que tengamos previsto correr el maratón, así como seguir las mismas rutinas de hidratación y avituallamiento que vayamos a hacer el día D.

El formato del ensayo general consta de un tiempo de calentamiento, otro en el que aumenta el ritmo en progresión y un último de desaceleración- pero llegando mucho antes al ritmo de competición, al que deberíamos llegar aproximadamente a mitad de la sesión. Si la fatiga es alta y no podemos mantener ese ritmo sin agonía, es mejor tirar la toalla a tiempo que empeñarse en cumplir de todas todas con el plan previsto, porque esto último puede repercutir negativamente en el maratón, puede que el esfuerzo nos deje tan cascados que tengamos que interrumpir la planifi cación.

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