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Uno de los errores más habituales entre los deportistas aficionados es no saber dejar de entrenar cuando el cuerpo pide descanso en forma de dolencia o lesión. Son habituales las roturas de los músculos o las fracturas de estrés en los huesos por forzar demasiado durante los entrenamientos y carreras. Algo que puede hacernos parar “solo” unos días, pero que si se complica podría acarrear, incluso, una visita al quirófano.

Es difícil valorar lesiones cuando no se viven en carne propia, pero la experiencia nos dice que donde más cuidado debéis tener es con los músculos. En ocasiones serán simples dolores por el esfuerzo, pero cuando notéis que el músculo “quiere” romperse, parad y daros prisa en acudir a un fisioterapeuta.

En cuanto a los huesos, suele ser más complicado. Existen dolores esporádicos que, en principio, no suponen nada, pero si notáis algo sesión tras sesión, no dudéis en acudir a un osteópata. Este os podrá aconsejar de cara a fortalecer la estructura ósea y evitar las temidas fracturas de estrés.

También suelen aparecer lesiones en las articulaciones y tendones, algo bastante habitual entre corredores. Rodillas, tendón de Aquiles, caderas y tobillos son las partes más vulnerables. Aquí no podemos decir mucho más que, si os duele, parad, aplicad hielo y probad el día siguiente. Si permanece el dolor, no lo dudéis: al médico.

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